ANCLADA LIBERTAD

Por Gregorio Medina.

Las verdaderas pandemias mortales
que asolan este planeta son el hambre,
las guerras, la emigración masiva,
la fosa del Mediterráneo
y las enfermedades confinadas al Tercer Mundo.
Pero estos males endémicos no causan miedo
ni pánico porque no se transmiten
a través del aliento y la saliva de los otros.
En la historia de este planeta
ha habido sucesivas extinciones de especies
a causa de meteoritos gigantes,
de volcanes y terremotos devastadores,
pero la humanidad sigue bailando
sobre deslizantes placas tectónicas
porque acepta que son fuerzas telúricas
fuera de su corto alcance.
Las epidemias bíblicas como la lepra y la peste
eran atribuidas a castigos divinos,
y para aplacar la ira de los dioses
se montaban procesiones de disciplinantes
y se quemaban en la hoguera a brujas y herejes.
Cuenta el Apocalipsis que al abrirse el Séptimo Sello
se hará un silencio en el cielo,
y siete ángeles tocarán sus trompetas de plata
para anunciar el fin del mundo.
Hoy no se necesita un lujo semejante.
Cuando este miedo al otro desaparezca,
la vida en la Tierra seguirá siendo una aventura
contingente y llena de episodios sin sentido,
como que quien te mate será quien más te quiera,
quien te bese, quien te abrace, quien te de la mano
sin que ningún ángel tocara la trompeta.
Esta diminuta esfera azul, esta pequeña luz,
rodeada de un universo de oscuridad,
seguirá su rumbo marcada aún por el silencio.
roto solamente al llegar la noche,
cuando desde cada ventana surge el aplauso
que acelera el ritmo de un planeta que respira.